Heriberto Grueso Estupiñán tenía tan solo 11 años y cada día, antes de clase o en sus momentos libres, salía a buscar algunos pesos haciendo mandados y cargando bultos en el puerto. Su rutina diaria de ir y venir, transportando cualquier cosa con su uniforme escolar, formaba parte del paisaje callejero de El Charco (Nariño, Colombia).

Esa fue la razón por la que los milicianos del Frente 29 de las FARC lo eligieron para el atentado. Ni siquiera la Policía sospecharía que llevaba consigo una carga mortal en sus brazos. Tampoco levantaría sospechas que el niño se acercara a la estación, protegida por trincheras, para entregar una colchoneta donde estaba escondido el explosivo.

En un jueves de marzo, a las tres de la tarde, Heriberto salió de la Institución Educativa El Canal durante el recreo para hacer un mandado. "Lleve esta colchoneta a la estación", le dijo un miliciano. Le entregó el dinero y Heriberto, según un testigo, se acomodó la mochila en la espalda y colocó el encargo en su cabeza.

Cuando se acercó a los agentes, protegidos por una trinchera, activaron la bomba y el niño salió volando por los aires. Nueve civiles y tres policías resultaron heridos. Tras la fuerte explosión, hubo gritos, confusión y llanto. Algunos vecinos descubrieron horrorizados que entre las víctimas había un niño, identificado por sus pequeñas piernas. Eso fue lo único que quedó de su cuerpo; el resto lo desintegró la bomba.

Pasaron varias horas para identificarlo y se realizó un recuento exhaustivo de los estudiantes en todas las casas. Al final del día, se dieron cuenta de que solo faltaba Heriberto. Sus padres se enteraron al día siguiente, al regresar de la finca. "Lo vi en el cementerio, lo tenían envuelto en plástico, solo sus piernitas. El municipio me ayudó con el entierro", explicó la madre.


En cada aniversario de la muerte del "niño-bomba", se celebra una misa en su memoria y los estudiantes desfilan junto a sus profesores por El Charco para rechazar la violencia. "Fue un golpe muy duro para el pueblo y no lo olvidamos", dijo un comerciante que conocía a Heriberto.